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LOS CUERNOS DE SATÁN *
(o la peor letra de Death Metal que escuchaste alguna vez).
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Cernunnos |
Bueno niños y niñas, en mi época era el Death Metal lo más extremo, asqueroso y cruel; hoy en dia no sé qué será; pero lo que van a leer a continuación, es un tema de una crueldad extrema, no apto para corazones sensibles.
Un día (antes de que los días se contaran como tales) hace muchos miles de millones de años, unos átomos decidieron chocar entre sí a una velocidad antes impensada y con una fuerza inusitada se armó el universo, comenzaron a surgir como de la nada planetas, estrellas y otros cuerpos celestes que comenzaron a poblar un espacio otrora vacío y donde sólo existía la nada absoluta.
Entre esos cachos de algo, surgió La Tierra, pero no tal como la conocemos ahora sino como eso; un cacho de tierra sin más ni más. Todavía estaba tratando de frenar de la gran explosión que la arrojo a millones de años luz de donde estaba y pugnaba por enfriarse y estabilizar su orbita.
En aquellos días sólo era un gran fragmento de material incandescente que se mantenía unido gracias a su masa (cuestiones físicas, consúltenlas en alguna buena enciclopedia, nunca fui bueno para la física), hasta que comenzaron a lloverle unos meteoritos. Y ¿qué son los meteoritos sino un poco de polvo y mucho hielo que se formó en los confines del espacio? Ahora aparte de los muchos átomos que la formaban, había carbono y agua, ya se podía formar algo bueno. Carbono, agua, azufre y amoníaco… dicho así parece sólo habitable por quién sabe qué monstruos, pero (siempre hay un pero) los atomos decidieron seguir chocando y originando nuevas moléculas.
Surge el primer carbohidrato, los primeros aminoácidos y las primeras moléculas de ácidos nucleicos, nace la primera bacteria, ya hay vida. Todavía la atmósfera es irrespirable pero en los mares hirvientes algo se agita y ¡¡ESTÁ VIVO!!... Como si lo gritara el Dr Victor Frankenstein.
Un día a esa bacteria (o a otra, qué más da) se le ocurrió que el metabolismo oxidativo era más eficiente y comienza a liberar oxígeno gaseoso a las aguas y a la atmósfera, el aire se hace más respirable y los mares se van enfriando, el panorama pinta mejor para otras formas de vida más complejas, aparecen los primeros protozoos, es decir, los primeros animales, al principio formados por una sola célula. Algo es algo.
Pero… y Satán, ¿cuándo llega a esta historia?, se preguntarán ustedes. Paciencia, niños, paciencia.
Algunos años más y ya hay peces y dinosaurios, junto a una flora más compleja, pero el planeta todavía no es un lugar seguro, los cataclismos y terremotos son moneda corriente y donde hoy había un lago, mañana está el Himalaya, y el bosque tropical de hoy es la fría tundra sin vegetación arbórea de mañana. Surgen los primeros mamíferos, al principio más pequeños que un ratón. Algunos años más, las moléculas, proteínas y genes se siguen combinando de manera totalmente azarosa e impensada. Apenas ayer aparecimos nosotros y ya nada volverá a ser lo mismo; como una plaga nos reprodujimos y poblamos todos los ambientes posibles, depredamos a todas las otras especies a tal punto que a algunas las extinguimos por placer, hambre o codicia, y surgió un nuevo concepto hasta ahora solo visto en las especies inferiores y menos evolucionadas, el hombre depredador del hombre (el hombre lobo del hombre, como dijo el poeta).
Ustedes estarán maliciando a estas alturas la perogrullada de que el género humano es Satán, pero no es así, niños.
Todo esto significa que Dios y Satan no existen, todo lo que vemos ahora y lo que nos tocará ver en el futuro no es ni más ni menos que la consecuencia de aquel choque de átomos del principio; por puro azar y determinado por el hecho de la evolución que se va sirviendo de las combinaciones más favorables para que la vida se abra camino y siga adelante.
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| Lic. Pablo Gadea y Obes (a la derecha de la foto) |
En todo esto no intervino Jehová, Alá, ni el dios de los cristianos. Los perversos de este mundo no lo son por pactos con Satán, Belcebú, ni Baal, ni por ninguna otra paparruchada por el estilo. Es decir que, si el 24 de diciembre a la noche a eso de las doce se paran con una vela negra encendida frente a un espejo para invocar vaya a saber a quién, sólo conseguirán perderse la sidra, el lechón y apretarse a esa prima a la que siempre le tuvieron ganas. Tampoco si vamos a la misa de gallo vamos a acertar el Gordo de Navidad, ni nos vamos a encontrar las llaves de un Porsche 0km con los papeles a nombre nuestro.
A Gandhi y a Hitler cuando murieron se los comieron los gusanos como a cualquiera y fueron a fertilizar la tierra como todos los demás; no estan sentados a la diestra de nadie ni arden en ningún Érebo de lava; los premios o castigos los debieron haber recibido en vida, porque una vez que te moriste sos pasto de los gusanos, y la flora y fauna cadavérica que nombran los forenses y chau.
Pero ¿en qué estaba yo? ¡Ah, sí! Lo que quería decirles es que somos hijos de aquel choque de átomos de hace miles de millones de átomos, del azar, de la genética molecular y de nuestro cerebro y nuestras acciones.
No digan que no les avise.
Reverendo Licenciado
Pablo Gadea Y Obes
(Nihil humanum a se alienum putat)
* Cuando los evangelizadores comenzaron a tratar de convertir al cristianismo a los pueblos celtas europeos y sus variedades, se encontraban con una deidad repetitiva que adquiría varios nombres según la región. Uno de ellos es Cernunnos (el Tutatis que invocaban los galos del Asterix de nuestra infancia), que era representado por una figura humana con cabeza de ciervo (cievo igual cuernos, se entiende, ¿no?) y era el dios de la caza y de las criaturas de los bosques. Por eso el invento de Satán con cuernos, para reemplazar al viejo dios (ahora malo) por el nuevo (bueno y sin cuernos), como aquella tapa caricaturesca de un disco de Ratos de Porao donde un cura le metía la cruz por el culo a los pobres indígenas del Amazonas que vaya a saber uno en qué creían pero seguramente antes en una divinidad de la naturaleza como Cernunnos que en un Dios ajeno y opresor como el Dios cristiano. ¡A que me maté con el título del artículo!
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